Un pensamiento en “Yarel y la cuestión del marco

  1. Lo enmarcado es lo significante en sí frente al ―fuera de marco que es el mundo real. Digamos que el marco posibilita la imagen. La pintura se muestra entonces en su condición intertextual, en la estrecha relación del marco de la imagen receptora (el marco físico, real, del cuadro) con el de la imagen encajada (marco pintado).
    El siglo XVII es el siglo de la intertextualidad y de la obsesión por esas fronteras permeables entre la realidad y su representación. Nos encontramos ante un mecanismo metaartístico que establece una comunicación entre el corte existencial y el corte imaginario. Es una constante de los cuadros holandeses incluir consecutivas superficies enmarcantes, como correlato de la continuidad entre realidad y ficción que tanto les preocupa. Toda vez que este hecho separa realidad de ficción, al mismo tiempo está duplicando la ficción, en una suerte de doble representación. Así se violentan los límites y se agudizan las reflexiones en torno al estatuto de veracidad de la imagen
    El marco se vuelve absolutamente necesario para la correcta recepción de la obra, pues garantiza la unidad e identidad del cuadro, es condición para que la obra pueda ser percibida, y participa entonces tanto del mundo real como del mundo de la imagen.
    La conclusión es que si el marco real separa el arte de la realidad, el marco pintado atenúa ese límite entrando en la ambigüedad.
    Los pintores se las habían ingeniado durante siglos para producir la ilusión de realidad. Tales argucias podían ser que un elemento de la composición se viniese al primer plano, ―saliese del cuadro e invadiese nuestro espacio físico al posarse sobre un marco ficticio….

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